No se metan con los madit*s Peaky Blinders

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 Por Diego Gamboa | Cine Reproche


Peaky Blinders – Crónica de ambición, traición y elegancia sin concesiones


Caryn Mandabach Productions


Producida por Caryn Mandabach Productions y Tiger Aspect Productions, Peaky Blinders (2013-2022) es una de esas series que parecen hechas a medida para trascender generaciones. Escrita por Steven Knight, este drama histórico, ambientado en el Birmingham posterior a la Primera Guerra Mundial, mezcla el ascenso criminal, el drama familiar y la política, envolviéndolo todo en un manto de humo, whisky y la seductora arrogancia de Tommy Shelby.


La narrativa sigue la evolución de los Shelby, una familia liderada por Thomas "Tommy" Shelby (Cillian Murphy), un estratega impasible cuyo encanto gélido solo compite con su calculadora brutalidad. La serie no se detiene en su esfuerzo por desnudar la transformación de un soldado en un empresario y, luego, en una figura casi mitológica. Sin embargo, la verdadera estrella aquí no es Tommy, sino el contexto: la reconstrucción de una sociedad rota, luchando contra desigualdades sociales, choque de ideales políticos y un sistema criminal perfectamente calculado.


Desde el primer episodio, Peaky Blinders resalta su originalidad en comparación con series criminales similares como Boardwalk Empire o incluso The Sopranos. Mientras que las otras suelen abrazar la opulencia o la violencia descarada, Peaky Blinders escoge construir tensión de forma lenta pero cautivadora, gracias al delicado balance entre diálogos punzantes, actuaciones brillantes y cinematografía que se siente casi hipnótica.


Tommy Shelby se posiciona como un personaje que inspira respeto y temor en dosis iguales. Su evolución psicológica, plagada de trastornos de estrés postraumático y una ambición insaciable, resuena con el espectador porque es, al mismo tiempo, un reflejo de una época donde no había espacio para los débiles. Cillian Murphy le otorga una profundidad que, sin duda, lo posiciona entre los protagonistas más fascinantes de la televisión moderna, eclipsando a figuras de series contemporáneas que intentan lograr una complejidad similar.


imagen de Thomas Shelby Peaky Blinders cortesia de Caryn Mandabach Productions
Caryn Mandabach Productions


Las decisiones estéticas también juegan un papel crucial. Es inevitable hablar del diseño de vestuario: los sombreros, abrigos y trajes han redefinido el estilo en pantalla. Estas elecciones van más allá de lo visual; son manifestaciones del poder, la tradición y el refinamiento que los Peaky Blinders intentan representar. De hecho, es un detalle tan distintivo que se encuentra rara vez en producciones modernas comparables. Taboo (2017), de Tom Hardy, es lo más cercano en cuanto a elegancia oscura, pero incluso este título carece del magnetismo épico de la obra de Knight.


En cuanto a las comparaciones narrativas, Peaky Blinders brilla por su habilidad para enfrentar su ambición contra el inevitable declive. A medida que avanza la serie, los Shelby se ven atrapados no solo por sus enemigos externos, sino también por sus propios demonios, convirtiéndose en una suerte de tragedia griega con un enfoque británico. Esto le permite ofrecer giros inesperados que incluso hacen palidecer a los plot twists de títulos como Breaking Bad.


Thomas Shelby los Peaky  Blinders cortesia de Caryn Mandabach Productions
Caryn Mandabach Productions


El uso de la música contemporánea es otro aspecto divisivo que merece ser mencionado. Los anacrónicos acordes de Nick Cave, Arctic Monkeys y Radiohead contrastan con el contexto histórico, pero funcionan de una manera que sorprendentemente realza el impacto emocional de las escenas.


Al final, Peaky Blinders es tanto un espectáculo de ambición como un retrato implacable de cómo los límites entre moralidad y pragmatismo pueden difuminarse para dar lugar a algo glorioso y retorcido. Su legado difícilmente se igualará, y cada episodio parece construir una piedra angular en su ascensión al Olimpo de las series legendarias.


¿Es perfecta? Tal vez no. Algunas subtramas carecen de dirección clara, y ciertos personajes secundarios son sacrificados en el altar de la gloria de Tommy Shelby. Sin embargo, estos deslices son un costo pequeño cuando el conjunto es tan electrizante.


En términos de calificación, la serie merece un sólido 9/10. No por ser impecable, sino por redefinir cómo se debe abordar un drama de época que es, al mismo tiempo, completamente atemporal.




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